Acabo de ver y no creer una plácida y neutra noticia en la portada de
ELPAIS.com referente a un nuevo empujón de las tropas españolas hacia Afganistán. Ni más ni menos que un 50% más de soldados, lo que significa 1500 soldados allí. Pero, ¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?

Pues no lo sé, nadie lo sabe. Lo único que sabemos los españoles es que vamos con la OTAN a "no hacer nada", pero, inexplicablemente, se refuerzan las protecciones, se compran coches nuevos y se envían soldados y se crean nuevas bases militares en Afganistán...Pero, si nosotros no tenemos intereses allí, ¿no?
Sin duda lo que más me llama la atención es la similitud de la situación actual con la que se produjo cuando José María Aznar apoyó a su homólogo George Bush. Ahora es Zapatero con Obama. La clave está en los nombres y en los discursos y en los medios: Ahora hablamos de un Premio Nobel de la Paz, cómo va a estar mal visto ofrecer apoyo a un personaje de ese calibre. Esto nos lleva a los discursos. No se va a Afganistán a luchar contra los
afganos malos, sino que sólo se pretende formarles y ayudarles (pobrecitos) para que ellos luchen; por no hablar del manido argumento de la expansión de la democracia (¿imperialismo?).
Y por último, aunque no menos importante, el papel de los medios de comunicación en todo esto. Si se habla del envío de tropas (personas) a una guerra como si se tratara de mercancía, como si fuera un mero trámite, sin darle la importancia que merece y destacando la respuesta positiva de Zapatero y el significativo esfuerzo (de todos nosotros) que ha realizado,apaga y vámonos. Estamos perdidos. Las opiniones se moldean y se desplaza la disensión a gusto del "Señor". Nada que ver con la guerra de Irak. O eso parece. Pero lo cierto es que la guerra es guerra aquí, en Irak o en Afganistán.